1. Brig. Gral. Carlos María de Alvear
  2. Manuel Belgrano
  3. Alte. Guillermo Brown
  4. Mariano Moreno
  5. Juan Martín de Pueyrredón
  6. José de San Martín
  7. Domingo Faustino Sarmiento
1. Brig. Gral. Carlos María de Alvear (1789-1852)       [Arriba]

Militar y político argentino.

Nació en Santo Ángel (Misiones Orientales).
Entre 1808 y 1811 luchó contra los franceses en la guerra de Independencia española y en Cádiz fue fundador, con otros patriotas americanos, de una sociedad secreta denominada Logia Lautaro, conectada con la de Caballeros Racionales en Londres, donde llegó en 1811.

De regreso a Buenos Aires participó en el Movimiento de Octubre de 1812, fue nombrado teniente coronel del regimiento de granaderos a caballo y segundo jefe de la antedicha Logia Lautaro.
Elegido Presidente de la Asamblea General Constituyente el 31 de Enero de 1813.

El 23 de junio de 1814, Vigodet le entregó la ciudad de Montevideo. Hecho trascendental, que aseguró a Buenos Aires el dominio del Río de la Plata, Alevear logró que el Dirctor Posadas lo nombrara "General en Jefe del Ejército del Norte", pero los oficiales se revelaron y obligaron al Director a revocar el nombramiento, tras lo que tuvo que apartarse del cargo.

El 10 de enero de 1815 fue elegido Director Supremo de Buenos Aires, por la Logia Lautaro, una de sus primeras disposiciones fué enviar al Dr. Manuel José García ante el embajador inglés en Río de Janeiro, Lord Strangford para hacerle llegar una carta, cuyos principales parrafos trancribimos aquí:

"Don Manuel García, mi consejero de Estado, instruirá a V. E. de mis últimos designios con respecto a la pacificación y futura suerte de estas provincias".

"Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver a todos los hombres de juicio y opinión que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía..."

'En estas circuntáncias, solamente la generosa Nación Británica puede poner remedio eficaz a tántos males, acogiendo en sus brazos a estas provincias, que obedeceran a su Gobierno con el mayor placer..."

"Inglaterra que ha protegido la libertad de los negros en la costa de África, impidiendo con la fuerza el comercio de la esclavitud a sus más íntimos aliados, no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de La Plata, en el acto mismo en que se arrojan a sus brazos generosos."

Por todas partes estallaron manifestaciones de oposición y rebeldía, como la agitación iba en aumento, y eso que las Provincias ignoraban los términos de la misión de Manuel García, Alvear se propuso intimidar al espíritu público mediante un drástico bando promulgado el 28 de marzo, cuyas terribles medidas, no tuvo reparos en llevar a efecto.

El decreto comenzaba así:
"Decreto prescribiendo sean pasados por las armas todos los individuos que ataquen al gobierno, los que divulguen o inventen noticias falsas, los que promuevan la deserción o seduzcan a los soldados, los que formen conspiraciones o, conociendo su existencia, no las delaten."

Intentó sustituir a San Martín, Gobernador Intendente de Cuyo, por el Coronel Gregorio Perdriel, pero la población convocó a un Cabildo Abierto el que exigió la continuación de San Martín en el cargo, lo que equivalía a un desconocimiento total de la autoridad del Director Supremo.

Fue derrocado, por su autoritarismo, el 17 de abril por Ignacio Álvarez Thomas y se embarcó rumbo a Brasil, despechado, escribió una sentida carta a Fernándo VII pidiendo su reincorporación al ejército español.

Regresó a Argentina, amparado en la denominada 'Ley del olvido', y representó a las Provincias Unidas del Río de la Plata ante Bolivia en 1825.

Fue ministro de la Guerra entre 1826 y 1827 y mandó el ejército que derrotó a los brasileños en Ituzaingó.

Retirado de la política, fue nombrado por Rosas embajador de Argentina en Estados Unidos en 1838.
Murió en Nueva York en 1852.

 

2. Manuel Belgrano (1770-1820)       [Arriba]

Político y militar argentino, destacado independentista.

Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, su padre don Domingo Belgrano y Peri y su madre doña María Josefa Gonzalez Casero, estudió primeras letras y luego latín, filosofía y teología en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires.

En 1786 viajó a España. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca y posteriormente se graduó de Bachiller y de abogado en Valladolid en 1792.

A raíz de su meteórica y brillante carrera profesional, el Rey de España, a través del ministro Gardoqui, lo designa como secretario perpetuo del Consulado a erigirse en Buenos Aires.
Este Consulado fue instituido con un doble carácter: jurisdicción comercial (fomento de las actividades comerciales en el rubro del agro y la industria) y Junta Económica. Esta designación impone a Belgrano la obligación de escribir una memoria anual. En estas memorias se encuentran las ideas pedagógicas que imagina llevar a la práctica para ilustrar y mejorar las condiciones de vida de los más humildes y los más jóvenes.

En 1794, se convirtió en secretario del Consulado de Buenos Aires, cargo desde el que fomentó firmemente la generalización de la enseñanza y las reformas económicas, realizando una actividad febril en las que combina su actividad específica con la tarea de redactor y periodista, en temas políticos, económicos y educativos.
En una de las memorias anuales que escribe, estando al frente del Consulado, referida a la necesidad de fomentar la agricultura por medio de la enseñanza, sostiene que debe seguirse el ejemplo de Europa, que vuelca todos sus esfuerzos a través de academias y sociedades para compensar el trabajo de los "sabios que se han destinado al estudio más útil de la humanidad".

Aprovecho inteligentemente el espacio que le brindaban los escasos periódicos que se publicaban en Buenos Aires en esa época.
Desarrollo esta tarea en el "El Telégrafo Mercantil" de Francisco Antonio Cabello, "Semanario de Agricultura, Industria y Comercio" de H. Vieytes, "Correo de Comercio" del mismo Belgrano y dirigido por él .

En diversos artículos periodísticos, no perdió oportunidad de desarrollar sus puntos de vista sobre educación, como así también sobre los ideales de la Revolución Francesa los que hace totalmente suyos defendiéndolos con pasión y vehemencia.
Inspirado en dichos ideales propone la fundación de escuelas para niñas. Esta iniciativa es por demás original, puesto que en ese entonces la mujer era poco menos que marginada de ese tipo de actividades. Es también el primero que reclama se conserven asientos para niños negros y mulatos, a fin de que reciban instrucción común en las escuelas públicas. Se preocupó tambien por la situación moral y económica de los que viven en ranchos miserables y sostuvo que con una educación adecuada para el trabajo, se combatiria la ociosidad recuperando de esa manera seres humanos aptos y capacitados para desarrollar la patria.

A partir de 1810, los acontecimientos de Mayo, lo alejan sino definitivamente, sí circunstancialmente de las actividades periorísticas y educativas, para encolumnarse en las tropas que pronto combatieron a las fuerzas realistas, y en las que tuvo una participación descollante. No obstante y a pesar de las agotadoras campañas militares, se dió tiempo para cronicar sus partes de guerra y cuanta anotación pudiera serle útil en una imprenta portátil que llevaba consigo.

El 27 de febrero de 1812, le comunicó al gobierno la creación de la Bandera Nacional, con las siguientes palabras: "... Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé a hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional..."
En momentos en que inauguraba las baterías "Libertad" e "Independencia" en las barrancas del Paraná, decide como él mismo lo anuncia, "crear la bandera", y la iza ante las tropas formadas, siendo saludada con salvas de artillería. El 25 de mayo la hace bendecir en la iglesia matriz de Jujuy, donde se hallaba al frente del Ejército del Norte.

A finales de 1813, fue derrotado por los españoles en el Alto Perú, y en 1814 cedió el mando al General José de San Martín.

A partir de entonces, se dedicó a la diplomacia y a la mediación en las disputas políticas surgidas tras proclamarse la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán (1816).

José Forgione lo denominó, "nuestro primer pedagogo criollo".
Este luchador innato, llevó a cabo la nada sencilla tarea de estimular la preocupación de gobernantes y estudiosos alrededor de los problemas urgentes y graves de la instrucción pública. Fue un precursor sensato y abnegado de la instrucción popular, bregando incansablemente por la enseñanza gratuita para los pobres, visionario extraordinario de la modernización e industrialización agrícola, escritor destacado, general de la Nación en la guerra de la Independencia, pero por sobre todas las cosas, fue dueño de un espíritu generoso e insobornable.

Manuel Belgrano entró en la inmortalidad, un 20 de junio del 1820. Su muerte se produjo ante la presencia de unos pocos amigos, y en la pobreza más absoluta. Sin discursos importantes, en un sencillo ataúd de pino y con mortaja de fraile dominico, fue llevado a su última morada.

 

3. Alte. Guillermo Brown (1777-1857)       [Arriba]

Militar de origen irlandés y luchador por la independencia argentina.

Fue marino mercante en Europa y en América.
En 1809 se encontraba en Montevideo y al año siguiente regresó a Buenos Aires.

Fué el creador de la Escuadra Nacional.
El gobierno de Buenos Aireas lo nombró coronel, al servicio de la Armada, el 1º de marzo de 1814.
Formo su escuadra con siete naves, cuya capitana era la "Hércules", con esta escuadrilla vencio a las dos escuadras de Montevideo.

El 15 de marzo se apoderó de la isla Martín García.
Regresó a Buenos Aires a reorganizar su escuadra para comenzar el sitio fluvial de Montevideo.
Venció a los realistas en el combate del Buceo el 17 de mayo.
El 20 de mayo venció a la escuadra de Montevideo, completando las acciones terrestres con un bloqueo marítimo efectivo.

Intervino también en la guerra contra el Brasil.

Fue gobernador delegado de Buenos Aires durante el gobierno del general Juan Galo Lavalle y director del Banco Nación.

Durante la época gubernamental de Juan Manuel de Rosas, dirigió la escuadra en ocasión del bloqueo anglo-francés.

En 1847 visitó Irlanda.

Murió diez años más tarde en Buenos Aires.

 

4. Mariano Moreno (1778-1811)       [Arriba]

Abogado, estadista y político argentino.
Nació en Buenos Aires, pero estudió en la Universidad de Chuquisaca (Bolivia).

Regresó a su ciudad natal en 1805, donde ejerció la abogacía.

En el año 1809 participó en el motín contra Liniers y escribió "Representación de los hacendados", obra que supuso una feroz denuncia de las restricciones comerciales impuestas por España a sus colonias sudamericanas y en la que le pide al rey la libertad de comercio para estas tierras.

Fue uno de los integrantes del movimiento de mayo de 1810, tras la Revolución, pasó a ser secretario de la recién creada Junta Provisional, como responsable de los asuntos políticos y militares, fue inspirador de las principales medidas tomadas por esta.

En medio de esta Junta que constituyó el Primer Gobierno Patrio, se perfilaron dos concepciones políticas encabezadas respectivamente por el presidente, Cornelio Saavedra, y el secretario, Mariano Moreno.

Hombre maduro, conservador por temperamento y educación, Saavedra aspiraba a obtener la soberanía de España pero conservando para estas tierras la misma estructura social , los mismos ideales políticos y, de ser posible, la monarquía como forma de gobierno.

Moreno, joven, impetuoso, imbuido de las lecturas de los enciclopedistas, quería para su patria no sólo la emancipación política y económica, sino también la liberación social arrancando de cuajo los males coloniales.

Pretendía realizar innovaciones rápidas y enérgicas, quería, según su propia expresión: -"Realizar la revolución", esto es, echar las bases de una sociedad verdaderamente democrática.

Este ideal fue la única pasión de su corta vida, y desde su primera actuación pública cuando redactó la "Representación de los hacendados", hasta la fundación del primer periódico de la revolución, "La Gazeta", su pluma no descansó para ilustrar a sus contemporáneos y conducirlos por la senda de la libertad.

Su talento no tardó en ser reconocido y pronto se convirtió en el máximo dirigente de la Junta.
Garantizó la libertad de prensa, la integración de indígenas y blancos en el Ejército, y la creación de una Biblioteca Nacional.

Como director del periódico "La Gaceta de Buenos Aires" fomentó la difusión de los objetivos revolucionarios a las provincias y luchó por la total independencia del territorio argentino como República Democrática.

No obstante el choque entre Saavedra y Moreno, no fue sin consecuencias para este ultimo y la revolución; en diciembre de 1810 se vio obligado a dimitir, por las diferencias que surgieron dentro de la Junta, abandonó el poder y se refugió en la vida privada por un breve lapso.

Mas su devoción por la Patria iba más allá de sus propias convicciones y cuando los mismos que lo alejaron del poder lo instaron a transladarse a Londres para obtener el reconocimiento del gobierno revolucionario, Moreno, quebrantada su salud, no titubeó en emprender la travesía dura y larga en los barcos a vela de la época.

Tomó posesión de un cargo diplomático en Brasil y después la Junta lo nombró Ministro Plenipotenciario ante el gobierno inglés.

Además le dio instrucciones concretas para presentar a la corte portuguesa de Río de Janeiro donde debía entrevistarse con la Princesa Carlota Joaquina y con Lord Strangford.

Debía manifestar que el gobierno de Buenos Aires se había fortalecido con la incorporación de los diputados de las provincias interiores; debía expresar total adhesión a Fernando VII, así como rechazar todo intento de reconocimiento del Consejo de Regencia.

Moreno embarcó el 24 de enero de 1811 en el barco inglés "Milestoe" transbordando luego a "La Fama".

Durante el viaje sufrió fuertes mareos y se debilitó de tal modo que murió en la mañana del 4 de marzo, a la edad de 32 años.

En menos de once meses de acción revolucionaria, supo despertar la conciencia democrática de un pueblo, y sus restos, arrojados al mar, hicieron exclamar a su rival político Cornelio Saavedra: "Se necesitó tanta agua para apagar tanto fuego".

Su labor fue continuada por otros y en 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata proclamaron su independencia del dominio español.

 

5. Juan Martín de Pueyrredón (1777-1850)       [Arriba]

Político y militar argentino. Considerado el primer jefe de Estado de la Argentina independiente, por cuanto fue elegido Director Supremo.

Nacido en Santo Angel, Misiones Orientales, se educó en Europa y regresó a su ciudad natal poco antes de las invasiones inglesas, en la lucha contra las cuales intervino.

De ideas revolucionarias, participó en los sucesos anteriores a la Revolución de mayo. Producida ésta, fue nombrado gobernador en Córdoba (agosto-diciembre de 1810) y, poco después, intendente de Charcas.

Se lo designó jefe del Ejército del Norte, hasta que lo reemplazó Manuel Belgrano.
Ejerció una influencia decisiva para los destinos del país y otorgó el máximo respaldo al general José de San Martín para sus campañas libertadoras, fue General en Jefe del Ejército del Alto Perú (1811-1812).

Fue miembro del Primer Triunvirato y, al ser derrocado, se lo confinó en Arrecifes y luego en San Luis.

Regresó a Buenos Aires y fue elegido representante en el Congreso de Tucumán, el cual lo nombró Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Durante su mandato (1816-1819).
Murió en 1850.

 

6. José de San Martín (1778-1850)       [Arriba]

Militar y político argentino, caudillo de la emancipación de América, llamado "el Libertador".

Nació en Yapeyú (Corrientes), el 25 de febrero de 1778, fue el quinto hijo de don Juan de San Martín, y de doña Gregoria Matorras.
El 14 de febrero de 1781 al finalizar su labor en Yapeyú, el capitán San Martín embarcó con rumbo a

Se trasladó a España en abril de 1784, cuando su padre fue destinado a Málaga en 1784 y, aunque fue admitido en el Seminario de Nobles de Madrid, solicitó y obtuvo el ingreso como cadete en el regimiento de Murcia en julio de 1789. Combatió contra los corsarios berberiscos en la campaña de Melilla y fue herido en 1791 en el sitio de Orán.

Luchando contra los franceses, fue ascendido a segundo subteniente en la guerra del Rosellón el 17 de junio de 1793, en el palacio de Aranjuez, el rey Carlos IV de Borbón, firmaba el despacho de ascenso a segundo subteniente de la 4ª compañía de fusileros, del 2 batallón del Regimiento de Murcia, del hasta entonces cadete José Francisco de San Martín. El 8 de julio, en su cuartel general de Thuir, el general Ricardos dispone el cúmplase de la real voluntad. San Martín es así, a los quince años, oficial en el famoso ejército de los grandes caudillos militares.
En julio de 1794 es ascendido a primer subteniente y en mayo de 1795 durante la guerra del Ampurdán, antes de la firma del Tratado de Paz de Basilea, es nuevamente ascendido a segundo teniente. Su "cursus honorum" militar nos lo muestra a los 17 años como un soldado en brillante tránsito profesional.
En 1976 muere en, Málaga a los sesenta y ocho años, su padre.
Tras participar en la guerra de las Naranjas frente a Portugal es ascendido a primer teniente en la guarnición de Cádiz en 1802 y a capitán de infantería del regimiento de voluntarios de Campo Mayor en 1804. Su participación en la batalla de Bailén, durante la guerra de Independencia española, le valió en 1808 el ascenso a capitán mayor.

En septiembre de 1811 viajó a Londres, donde renovó los contactos con la Logia Lautaro que ya había iniciado en Cádiz, y en Marzo de 1812, en su edición correspondiente al viernes 13, un periódico local -"La Gaceta de Buenos Aires"- hace pública la llegada de la fragata inglesa George Canning. Informa que a bordo arribaron como pasajeros seis americanos y un europeo, todos oficiales de las armas de la Monarquía. Entre ellos, el teniente coronel José Francisco de San Martín, Francisco de Vera, Francisco Chilavert con sus hijos José Vicente (que se hizo muy amigo de San Martín) y Martiniano, futuro coronel argentino, quien entonces sólo contaba ocho años de edad, Eduardo Kalitz, barón de Holmberg y José Matías Zapiola que tenía a su hermano Bonifacio, abogado en el Superior Tribunal de Justicia de Buenos Aires, quien había también adherido a la causa de Mayo. Todos ellos, con excepción de San Martín y Eduardo Kalitz, tenían familia en Buenos Aires.

Con fecha 16 de marzo el gobierno superior provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con las firmas de Chiclana, Sarratea y Rivadavia, expide el nombramiento efectivo de José de San Martín como Teniente Coronel de caballería y "Comandante del Escuadrón de Granaderos que ha de organizarse".
Formaron en el núcleo inicial de aquel escuadrón, que sirviera de base para la integración del regimiento, el cual puede darse por constituido como tal en mayo de 1812, los siguientes jefes y oficiales:
En la plana mayor como Comandante el Teniente Coronel don José de San Martín; el Sargento Mayor don Carlos María de Alvear; el Ayudante Mayor don Francisco Luzuriaga y el Portaguión don Manuel Hidalgo.
El escuadrón, dividido en dos compañías, estaba integrado así:
En la primera el Capitán don José Zapiola, el Teniente don Justo Bermúdez y el Alférez don Hipólito Bouchard.
En la segunda el Capitán don Pedro Vergara, el Teniente don Agenor Murillo y el Alférez don Mariano Necochea.
Como puede apreciarse, ya figuraban nombres que después, con el correr del tiempo, se harían ilustres en la historia de la patria. En total, el número de efectivos del escuadrón era de dos jefes, ocho oficiales, nueve sargentos, un trompeta, tres cabos y treinta y un granaderos.
En septiembre de ese año se casó con María de los Remedios de Escalada.
No había transcurrido un año desde su creación cuando el 3 de febrero de 1813 tocaría al regimiento recibir su bautismo de fuego en San Lorenzo, a orillas del Paraná.
En aquel combate la valentía de dos hombres salvan la vida del jefe del alcance de las bayonetas españolas cuando queda aprisionado en el sueldo por la muerte de su caballo.

Uno es el granadero Juan Bautista Baigorria, puntano de origen, el "postergado", como lo llaman en su tierra, tal vez con razón, pues poco o nada se sabe de este valiente que salva la vida de su Coronel matando al godo que pretendía ultimarlo aprovechando la difícil situación.

El otro es el granadero Juan Bautista Cabral, oriundo de Corrientes, que no vacila en echar pie a tierra en medio de aquel entrevero de sables, bayonetas, sangre y polvo, consiguiendo zafar del caballo al Coronel San Martín, recibiendo dos mortales heridas a raíz de las cuales deja de existir poco tiempo después mientras repite en su agonía: "muero contento... hemos batido al enemigo."

En pocos minutos, San Martín y sus granaderos derrotaron totalmente a los sorprendidos soldados de Montevideo, que apenas atinaron a embarcarse, dejando en el campo 40 muertos y 14 prisioneros.

La difícil situación en el Norte, agravada por las sucesivas derrotas de Vilcapugio y de Ayohuma, las cuales ponen en peligro toda la frontera de la patria, mueven al gobierno a nombrar, con fecha 3 de diciembre de 1813, al Coronel San Martín como Jefe de la expedición auxiliadora al ejército de Belgrano, que venía retirándose en dirección a Tucumán.

Desde esa fecha hasta el 10 de septiembre de 1816, en que se mueven en dirección a Mendoza, por el camino que atraviesa La Rioja, luchan en las lomas de San Lorenzo con las tropas de la vanguardia; en guerrillas en Humahuaca, Yaví, Casavindo, Toldos, Bermejo, etcétera, en el combate de Barrios; en la sorpresa del Tejar, en Puesto del Marqués, en Mochara y en la derrota de Sipe- Sipe, donde el regimiento, al mando del Teniente Coronel Juan Ramón Rojas, salvó con su arrojo y valor el honor de la triste jornada.

Renuncio al mando del Ejercito del Norte, se retiró a Córdoba invocando motivos de salud y obtuvo que el Director Gervasio Posadas lo nombrara Gobernador Intendente de Cuyo el 10 de agosto de 1814. Tuvo que acoger allí a los patriotas que buscaban refugio después de la derrota sufrida en octubre de ese mismo año en Rancagua.

Mientras tanto asumió el nuevo director supremo, Carlos de Alvear, al saber la noticia, el General se dirigió al mismo solicitando su licencia por tiempo indefinido. Alvear se apresuro a sustituirlo por el Coronel Gregorio Perdriel. Apenas se supo esta situación la población pidió un Cabildo Abierto el cual exigió la continuación de San Martín en el gobierno.

El Congreso de Tucumán declaraba la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de julio de 1816.

Los días 20 y 21 de julio de 1816 se reunió en Córdoba con el flamante Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, el que aprobó sus planes y le prometio su ayuda incondicional, apenas llegó a Buenos Aires lo nombró General en Jefe del "Ejército de los Andes".
Para completar el adiestramiento de sus tropas y darles sentido de cuerpo y unidad, eligió un lugar distante una legua de Mendoza, donde se levantaron cuarteles para alojar a los soldados: "El campo del Plumerillo"
Al mismo tiempo que adiestraba a su tropa desarrollaba una intensa actividad en territorio enemigo mediante un verdadero servicio de espionaje que le permitió conocer con exactitud la posición de las fuerzas españolas.
El 5 de enero de 1817 impartió las órdenes para comenzar la campaña largamente preparada, inició desde Mendoza, donde era gobernador, la marcha para cruzar la cordillera andina en dirección a Chile.

Venció a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero, entró en Santiago dos días después y convocó a un Cabildo Abierto en el que los vecinos reunidos le ofrecieron el cargo de Director Supremo (al designado por San Martín) gobernador político interino Francisco Ruiz Tagle, este general declinó el honor y en su lugar nombraron a Bernardo O'Higgins.
San Martín rehusó el título de "Brigadier General". En cuanto a la recompensa en dinero que le otorgó el Cabildo de Santiago, dispuso que fuera destinado a la creación de una Biblioteca Pública en la misma ciudad. También se formo una filial de la Logia Lautaro, que agrupo a los partidarios de O'Higgins.
Después de organizar la Campaña del Sur, el Libertador regresó a Buenos Aires para gestionar la creación de una escuadra en el Pacífico, se negó a utilizar sus tropas en los enfrentamientos entre insurgentes y de nuevo volvió a Chile en el otoño de 1817, aunque su salud siguió empeorando. La reacción española no se hizo esperar y San Martín fue derrotado en Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818, con lo que los realistas estuvieron a punto de recuperar Santiago, pero con la victoria de Maipú el 5 de abril de 1818 aseguró la independencia de Chile.
Regresó a Buenos Aires, para solicitar recursos, el 11 de mayo entraba a la ciudad sin aviso previo, a la hora del alba, yendo directamente a su casa donde le aguardaban Remedios y su hija Merceditas, a quienes no veía desde aquella mañana de Mendoza, hacía más de un año, cuando se despidió de ellas para conducir su ejército a través de la cordillera.

Estuvo en Buenos Aires poco más de un mes, le fue imposible substraerse a los honores oficiales. El 17 de mayo debió asistir a la sesión extraordinaria que el Congreso acordó celebrar para expresar públicamente la gratitud de la Nación al vencedor de Maipú.
La ciudad se había engalanado para adherir a la solemne ceremonia y se volcó sobre las calles del breve recorrido que haría la comitiva desde el Fuerte hasta la Casa Nacional, sede de la Soberanía, en el antiguo local del Consulado sobre la misma calle que ahora se llama San Martín.
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El 16 de junio tomaba la galera para volver a Mendoza, esta vez en compañía de Remedios y Merceditas. Llevaba además las promesas del gobierno de realizar un empréstito forzoso de quinientos mil pesos durante los próximos cuatro meses destinado a las necesidades de la expedición.

La cordillera estaba cerrada cuando llegó a Mendoza y debió aguardar allí la buena estación.
Pero a fines de agosto Pueyrredón le escribía una carta desoladora. El empréstito fracasaba.
"No hay numerario en plaza - agregaba el 2 de septiembre-, es imposible el medio millón aunque se llenen las cárceles y cuarteles".
Ante la primera noticia, San Martín que conocía cuánto debía jugar en la emergencia reaccionó con violencia inesperada: envió su renuncia de Director Supremo. Si el ejército no era socorrido no solamente no podría emprender operación alguna sino que estaba muy expuesto a su disolución. Además su salud era muy mala y su médico, el doctor Colisberry, no le daba ni seis meses de existencia, y habiendo variado las circunstancias rogaba se le admitiera la renuncia.
Y a Guido, a su entrañable Guido, que seguía la negociación desde Chile, le explicaba que el Director como jefe del Estado y como amigo había sancionado el auxilio pedido. El incumplimiento era cuestión de honor: "Yo no quiero ser juguete de nadie", terminaba.
La renuncia cayó en Buenos Aires como una bomba. Volvieron a reunirse los prohombres del Congreso y los amigos. Pueyrredón, recapacitando sobre su actitud anterior tal vez un poco débil frente a los comerciantes, metió a todos en un puño, apretó terriblemente y consiguió exprimir hasta 300.000 pesos. Zañartú, ministro de Chile, le explicaba a O'Higgins la situación: "El empréstito se lleva a cabo porque la Logia no se detendría por consideración alguna que se oponga a la realización del fin. San Martín ha dado un golpe maestro". Y es que la autoridad de San Martín seguía siendo incontrastable. Le volvió a escribir a Guido: "Todo eso ha mejorado mi salud y sólo espero un poco más de tiempo para que venga todo el dinero y marcharme a ésa aunque sea muriéndome".
Dejaba a su Remedios convaleciente de un nuevo contratiempo tenido a poco de llegar a Mendoza.
A su regreso a Chile, adquirió algunos barcos que fueron la base de una escuadrilla; los armó y equipó poniéndolos a las órdenes de Blanco Encalada, marino argentino que había dejado la causa española para abrazar la americana.

Entre tanto, el 13 de noviembre, escribió un manifiesto a los peruanos en que se presentaba como su Libertador: "Mi anuncio no es el de un conquistador que trata de sistematizar una nueva esclavitud. Yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino. El resultado de la victoria hará que la capital del Perú vea por la primera vez reunidos a sus hijos eligiendo libremente su gobierno y apareciendo a la faz de las naciones del globo entre el rango de las naciones".
El 28 de noviembre, la flota fue puesta el mando del escocés Lord Cochrane, contratado por el gobierno chileno, los patriotas lograron controlar toda la costa del Pacífico, desde el estrecho de Magallanes hasta el Perú, estrechando el cerco sobre las tropas realistas.
Al caerse el Directorio de Buenos Aires y disolverse el Congreso, San Martín renunció al mando del Ejército Libertador, puesto que no existía ya la autoridad que lo había nombrado. Pero el 6 de mayo de 1820, el Senado de Chile lo nombró Generalísimo de la expedición al Perú.

Negoció una paz con el virrey absolutista Joaquín de la Pezuela, y poco después firmó el Pacto de Punchauca con el nuevo virrey , el liberal José de la Serna e Hinojosa, en 1821, acordando la independencia de Perú, el establecimiento de una regencia formada por tres miembros y el envío a España de representantes, para ofrecer el trono a algún príncipe de la familia real española, pero los oficiales realistas se negaron a aceptar ese acuerdo. Reanudada la lucha, San Martín entró en Lima en julio de 1821 y proclamó la independencia del país el 28 del mismo mes.

Convencido sin duda el Gobierno español de que la ignorancia es la columna más firme del despotismo, puso las más fuertes trabas a la ilustración del americano, manteniendo su pensamiento encadenado para impedir que adquiriese el conocimiento de su dignidad. Semejante sistema era muy adecuado a su política; pero los gobiernos libres, que se han erigido sobre las ruinas de la tiranía, deben adoptar otro enteramente distinto, dejando seguir a los hombres y a los pueblos su natural impulso hacia la perfectibilidad. Facilitarles todos los medios de acrecentar el caudal de sus luces, y fomentar su civilización por medio de establecimientos útiles, es el deber de toda administración ilustrada. Las almas reciben entonces nuevo temple, toma vuelo el ingenio, nacen las ciencias, disípense las preocupaciones que cual una densa atmósfera impiden a la luz penetrar, propáganse los principios conservadores de los derechos públicos y privados, triunfan las leyes y la tolerancia, y empuña el cetro la filosofía, principio de toda libertad, consoladora de todos los males, y origen de todas las acciones nobles.
Penetrado del influjo que las letras y las ciencias ejercen sobre la prosperidad de un Estado. Por tanto, declaro:
1.- Se establecerá una Biblioteca Nacional en esta capital para el uso de todas las personas que gusten concurrir a ella.
2.- El Ministerio de Estado en el Departamento de Gobierno, bajo cuya protección queda este establecimiento, se encargará de todo lo necesario a su planificación.

Dado en Lima a 28 de agosto de 1821. José de San Martín - Juan García de Río

Fue nombrado protector de Perú, convocó un Congreso Constituyente que superara las discrepancias existentes entre los diferentes líderes y partió para Guayaquil a entrevistarse con Simón Bolívar, que se encontraba en Ecuador. En la entrevista de Guayaquil, celebrada el 26 de julio de 1822 entre los dos máximos caudillos de la independencia americana, se trató de la situación general del continente americano, del futuro régimen de Perú y de la situación concreta de Guayaquil, que dudaba entre mantener la independencia, incorporarse a Perú o integrarse en la Gran Colombia, como al final ocurrió. San Martín se mostró partidario del régimen monárquico en Perú, pero al no contar con el apoyo de la burguesía limeña, que se sublevó, optó por convocar al Congreso y renunciar al mando en septiembre de 1822, dejando los asuntos del país en manos de Bolívar.

Un historiador colombiano, ministro y confidente del Libertador, ha dicho: "Afirmóse en su tiempo, que ni el Protector había quedado contento de Bolívar, ni éste de aquél". San Martín por su parte se encargó de afirmar esto mismo, dando por motivo, que "los resultados de la entrevista no habían correspondido a lo que se prometía para la pronta terminación de la guerra". Era un vencido. Si desde entonces meditó separarse de la escena, para no ser un obstáculo a la terminación de la guerra, o si la situación que a su regreso encontró en Lima lo determinó a ello, es un punto accesorio que no puede con precisión determinarse; pero de todos modos esta fue una de las principales causas que obró en él para su resolución definitiva, además de otras que fatalmente la imponían.

La primera palabra de San Martín de regreso al Perú, fue para abrir sus puertas a las armas auxiliares de Colombia, proclamando la alianza sudamericana, y de alto encomio para su feliz rival: "Tuve la satisfacción de abrazar al héroe del sud de América. Fue uno de los días más felices de mi vida. El Libertador de Colombia auxilia al Perú con tres de sus bravos batallones. Tributemos todos un reconocimiento eterno al inmortal Bolívar". San Martín sabía bien que este auxilio era insuficiente, que su concurrencia no sería eficaz desde que no era dado con el propósito serio de poner de un golpe término a la guerra, y que su persona era el único obstáculo para que Bolívar se decidiese a acudir con todo su ejército al Perú. Fue entonces cuando, hecha la resolución de eliminarse, dirigió al Libertador la famosa carta, que puede considerarse como su testamento político, y que la historia debe registrar íntegra en sus páginas.

"Le escribiré, no sólo con la franqueza de mi carácter, sino también con la que exigen los altos intereses de la América.

Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que me expuso, de que su delicadeza no le permitiría jamás el mandarme, y que, aún en el caso de decidirse, estaba seguro que el Congreso de Colombia no autorizaría su separación del territorio de la república, no me han parecido bien plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la segunda, estoy persuadido, que si manifestase su deseo, sería acogido con unánime aprobación, desde que se trata de finalizar en esta campaña, con su cooperación y la de su ejército, la lucha que hemos emprendido y en que estamos empeñados, y que el honor de ponerle término refluiría sobre usted y sobre la república que preside.

"No se haga ilusión, general. Las noticias que tienen de las fuerzas realistas son equivocadas. Ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota diezmado por las enfermedades, no puede poner en línea sino 8.500 hombres, en gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz (que concurrió a Pichincha), cuyas bajas no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones, ha debido experimentar una pérdida considerable en su dilatada y penosa marcha por tierra, y no podrá ser de utilidad en esta campaña. Los 1.400 colombianos que envía, serán necesarios para mantener la guarnición del Callao y el orden en Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios, no podrá alcanzar las ventajas que debieran esperarse, si fuerzas imponentes no llamasen la atención del enemigo por otra parte, y así, la lucha se prolongará por un tiempo indefinido, digo indefinido, porque estoy íntimamente convencido, que sean cuales sean las vicisitudes de la presente, la independencia de la América es irrevocable; pero la prolongación de la guerra causará la pena de sus pueblos, y es un deber sagrado para hombres a quienes están confiados sus destinos, evitarles tamaños males.

"En fin, general, mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiera sido colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. ¡El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse!

"No dudo que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará su activa cooperación, y pienso que no podrá negarse a tan justa demanda.

"Le he hablado con franqueza, general; pero los sentimientos que exprime esta carta quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalerse para perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos, para soplar la discordia".

Con el portador de la carta, le remitía una escopeta y un par de pistolas, juntamente con el caballo de paso que le había ofrecido para sus futuras campañas, acompañando el presente con estas palabras: "Admita, general, este recuerdo del primero de sus admiradores, con la expresión de mi sincero deseo de que tenga usted la gloria de terminar la guerra de la independencia de la América del Sud".

Retiro de San Martín (Por José de San Martín)

Presencié la declaración de la Independencia de los Estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el Imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público. He aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.
La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto ha hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más. En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de éstos darán el verdadero fallo.
Peruanos: os dejo establecida la Representación Nacional, si depositáis en ella una entera confianza, cantad el triunfo; si no, la anarquía os va a devorar.
Que el acierto presida a vuestros destinos, y que estos os colmen de felicidad y paz.

Pueblo Libre
Setiembre 20 de 1822.

Tras pasar por Chile y Mendoza en 1823, y después de ir a Buenos Aires, donde volvió sólo con motivo de la muerte de su esposa, marchó a Europa en 1824 con la salud muy quebrantada, permaneciendo algún tiempo en Gran Bretaña y Francia antes de instalarse en Bruselas. En 1827 ofreció sus servicios a las autoridades argentinas con motivo de la guerra con Brasil y en 1829 quiso mediar en las disidencias internas entre los centralistas de la capital y los federalistas de las provincias, a los que siempre se había opuesto; por ello viajó a Buenos Aires, aunque no llegó a desembarcar y regresó a Europa. Su amigo Alejandro Aguado, marqués de las Marismas del Guadalquivir, le ayudó a instalarse en París en 1830 y desde allí escribió numerosas cartas a los dirigentes argentinos. En 1848, casi ciego, se trasladó a Boulogne-sur-Mer (Francia), donde el 17 de agosto de 1850 murió.

ACTA DE DEFUNCIÓN

En el año 1850, el 18 de agosto a las once horas de la mañana, por ante nos, infrascripto, adjunto delegado del alcalde de la ciudad de Boulogne-sur-mer, han comparecido Francisco Javier Rosales, encargado de negocios de Chile en Francia, domiciliado en París, de edad de 49 años, amigo del abajo nombrado, y Adolfo Gérard, abogado de 45 años de edad, domiciliado en Boulogne-sur-mer, amigo igualmente del más abajo mencionado, los cuales nos han declarado que José de San Martín, Brigadier de la Confederación Argentina, Capitán General de la República de Chile, Generalísimo y Fundador de la libertad del Perú, domiciliado en Boulogne, nacido en Yapeyú, provincia de Misiones (Confederación Argentina), de 72 años, cinco meses y veintitrés días de edad viudo de Remedios Escalada, hijo del coronel Juan de San Martín, gobernador de la antedicha provincia de Misiones, y de Francisca de Matorras, ambos fallecidos, falleció ayer a las tres de la tarde en su domicilio, Grande rue 105, tal como hemos podido confirmar nosotros mismos. Hecha la lectura, han firmado los comparecientes.
F.X. Rosales, A. Gérard, A. Cazín.

Máximas para Merceditas, su hija.

- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que no perjudican.
Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

- Amor a la verdad y odio a la mentira.

- Inspirar gran confianza y amistad pero uniendo respeto.

- Caridad con los pobres.

- Respeto sobre la propiedad ajena.

- Acostumbrar a guardar un secreto.

- Indulgencia hacia todas las religiones.

- Dulzura con los criados, pobres y viejos.

- Hable poco y lo preciso.

- Estar formal en la mesa.

- Amor al aseo y desprecio al lujo.

- Amor por la patria y la libertad.

 

7. Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888)       [Arriba]

El 15 de febrero de 1811, en la aldea de San Juan de la Frontera, nació Faustino Valentín Sarmiento.
Fueron sus padres José Clemente Sarmiento, soldado en el ejército libertador del General San Martín y Paula Zoila Albarracín, formaron un hogar pobrísimo pero de dignidad moral, en el que nacieron quince hijos de los cules sobrevivieron seis.

Al día siguiente fue bautizado en la iglesia matriz por su tío Fray Francisco, oficiando de padrinos otros dos tíos: Tomás Albarracín y Paula de Oro. La familia lo llamó Domingo y así paso a la historia, por devoción al santo fundador de la orden Dominicana.

En 1816 ingresó en la Escuela de la Patria, que había fundado el gobernador José Ignacio de la Roza y que dirigía un maestro porteño: Ignacio Fermín Rodríguez, cuya jerarquía docente recordó con admiración a lo largo de su vida. Al respecto, dice Sarmiento: "Siendo alumno de la escuela de lectura, construyose en uno de sus extremos un asiento elevado como un sollo, a que se subía por gradas, y fui yo elevado a él con el nombre de ¡Primer Ciudadano!".

A los trece años de edad estudió Latín, Doctrina Cristiana y Geografía con su tío, el presbítero José de Oro. Poco después comenzó a trabajar bajo las ordenes de un ingeniero francés llamado Víctor Barreau. En 1825 viaja con José de Oro al pueblo de San francisco del Monte, en la provincia de San Luis, junto con su tío fundó una escuela donde daba clases a los vecinos del lugar, aun se conserva parte del local donde funcionó la precaria escuela.

En 1827 a los 16 años, lee cuanta publicación llega a sus manos. La Autobiografía de Franklin influyó en la formación de su carácter. Habiendo regresado a su provincia, fue espectador de algo que lo conmovió profundamente. Desde la puerta de la tienda de la Sra. Salcedo, donde se desempeñaba como empleado, vio entrar en la ciudad de San Juan al General Juan Facundo Quiroga, figura legendaria, de chiripá y poncho rojo, al frente de 600 jinetes con sus respectivas lanzas. Estos jinetes, con sus típicos guardamontes iban de a cuatro en línea, entre la polvareda que levantaban sus caballos, riendo y gritando.

En 1828 entró en el ejército para defender la causa unitaria, interviniendo en varios encuentros. Fuenombrado subteniente del batallón de infantería provincial. Comenzó allí su carrera militar, que cumplió en forma alternada, de acuerdo con las costumbres de la época. Escribió mucho y con autoridad sobre temas militares. Según el mayor Nicolás Vega, el joven oficial se distinguió en el combate de Niquivil, cerca de Jáchal, al llevar la orden que dioel triunfo a los unitarios. Intervino también en la batalla del Pilar, pero, derrotado, se vio precisado a huir.

Tomó el camino hacia Mendoza junto con otros unitarios, entre ellos Francisco Narciso de Laprida, quien, al separarse del grupo en las afueras de Mendoza, fue ultimado por sus perseguidores. Sarmiento logró salvar la vida por que uno de los jefes federales (el comandante José Santos Ramírez) lo alojó en su casa con otros unitarios. Pero el paradero fue descubierto y se le exigió a Ramírez que entregase a sus protegidos; a lo que él respondió con una enérgica negativa.
Finalmente fue liberado y regresó a San Juan, donde se le dio por cárcel su propio domicilio, pero en 1831 decidió emigrar a Chile.

Fue múltiple la actividad que desarrolló en el exilio para poder subsistir. Al principio le ofrecieron varios empleos, pero con sueldos tan exiguos que no le alcanzaba el dinero para sus necesidades mas urgentes. Finalmente aceptó en Santa Rosa de los Andes, el cargo de maestro de la escuela municipal con el escaso sueldo de 13 pesos mensuales.
Posteriormente se trasladó a la aldea de Pocuró, dos leguas al sur de Santa Rosa de los Andes, y allí instaló un negocio, aunque siguió enseñando a los niños.
Luego se dirigió a Valparaíso, empleandose en una tienda. De su sueldo invirtió la mitad en sus estudios de inglés con el profesor Enrique Richard.
Nace su hija Faustina de unión no legítima.
Un día se embarcó con destino al norte de Chile, pues supo que en la región de Chañarcillo se habían descubierto ricos minerales. Durante tres años fue minero en llevando una vida dura y penosa. Sin embargo, siguió estudiando y a la vez tradujo algunas obras del escritor ingles Walter Scott. De su actividad de minero, dice Manuel Galves: "Lee allí, en el fondo oscuro de la mina, a quinientos metros bajo tierra, a la luz de un candil". A fines de 1835, enfermó gravemente de fiebre tifoidea y, aunque sanó, fue larga su convalecencia. Como sus recursos eran escasos, sus amigos hicieron gestiones para que se le permitiera regresar a San Juan.

En 1836 El gobernador Nazareo Benavidez admitió que el joven emigrado retornase a su provincia natal, cumple entre otras tareas de decorador y actor. En la biblioteca de Quiroga Rosas lee a Chateaubriand, Víctor Hugo, Lamartine, Dumas, Guizot, Thiers, Tocqueville, entre otros. Bajo el seudónimo de García Román envía a Juan Bautista Alberdi un poema: "Canto a Zonda", pidiéndole su juicio. Éste no pareció haber sido desfavorable, pero Sarmiento no volvió a escribir poemas en verso.

En 1839 fundó el colegio de Señoritas de la Advocación de Santa Rosa de Lima, para niñas, donde también enseñaron sus hermanas, reservandose él las clases de idioma y geografía, fueinaugurado el 9 de Julio, aniversario de la Declaración de Independencia. Aplica novedosos métodos pedagógicos y aconseja un uniforme que iguala en su presentación a las alumnas y fue adoptado después en todas las escuelas argentinas.

El 20 de Julio publica el primer número de "El Zonda", un periódico desde el cual combatió a los caudillos. Algunos otros redactores del periódico fueron los jóvenes de la Sociedad Literaria (fundada por Sarmiento), filial de la Asociación de Mayo creada por Echeverría. Los artículos aparecidos en "El Zonda" despertaron el recelo de los federales por las críticas que se les hacía. Cuando el gobierno le aumentó el precio del papel, se negó a pagarlo y cerró el periódico.

Poco después se produjo en Mendoza un levantamiento unitario y Benavidez, gobernador de San Juan ordenó el arresto de Sarmiento como medida de precaución, ya que los ánimos estaban exaltados.
Un día, un grupo de oficiales se presentó en la cárcel, lo sacaron e intentaron fusilarlo, pero el gobernador, al enterarse, envió a su edecán con ordenes de que lo liberasen.
A fin de salvarlo de sus perseguidores, el gobernador le dio permiso de pasar a Chile en 1840, facilitándole una escolta y varias mulas. Al pasar por los baños de "Zonda", gravó en la piedra la frase: "On ne tue point les idées" (Las ideas no se matan).

En enero de 1841 se radica en Santiago en la mayor pobreza allí comenzó su vastísima y sin duda sorprendente labor periodística, gran parte de la cual fuepublicada, en la edición oficial de sus obras. Su primer artículo en "El Mercurio" bajo el seudónimo de "un teniente de artillería", lo titula como "12 de febrero de 1817", recordatorio de la batalla de Chacabuco. En la nota comparaba el cruce de los Andes realizado por San Martín con el paso de los Alpes llevado a cabo por Napoleón. El artículo reivindica al Libertador y es el comienzo del prestigio de Sarmiento como escritor. Su labor no se limita a este periódico sino también a "Crónica Contemporánea" y "El Nacional". Muestra sorprendente conocimiento de la realidad europea y norteamericana, y clara conciencia de los problemas de las nacientes nacionalidades de la América hispana.

Quiso incorporarse al ejército de Lamadrid pero se enteró que las tropas regresaban derrotadas camino a Chile. Entonces organizó los auxilios, envió medicamentos y abrigos, hizo llegar alimentos y pudo salvar muchas vidas de emigrados.

En 1842 el Gobierno de Chile lo designa director y organizador de la primera "Escuela Normal de Preceptores de Santiago de Chile" que se abre en América Latina. Con Vicente López, el futuro gran historiador, funda el "Liceo", instituto particular de enseñanza que duró poco por conflictos con el medio. La influencia impulsora de Sarmiento en la llamada "generación chilena de 1842" ha sido destacada y a veces negada, en éste último caso por recelos defensivos. En el periódico chileno ejerció la crítica de costumbres bajo la influencia de Larra, especialmente la crítica teatral y de arte, el examen de las cuestiones literarias , los problemas sociales, el papel de la prensa, con sus derechos y obligaciones. Las polémicas en que intervino (las del romanticismo y de la lengua castellana) no fueron fruto de su temperamento apasionado, sino convicciones basadas en estudios profundos, y en ocasiones de admirable anticipación. Funda"El Progreso" y publica "Cartillas", silabarios y otros métodos de lectura practicados en Chile.

En 1843 publicó su primera obra, "Mi Defensa", de carácter autobiográfico, para reivindicar su vida de de acusaciones ajenas. A los 32 años se siente protagonista del destino americano. Es designado miembro académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Santiago de Chile, a propuesta de Andrés Bello. Presenta allí la "Memoria sobre ortografía Americana", recogida poco después en un libro, y cuya proposición de reformas fue adoptada en parte por el gobierno de Chile.

En 1844 continúa su labor periodística en "El Progreso". Publica "La Conciencia de un Niño", que alcanzó mas de 50 ediciones y traduce ampliándola, "Una Vida de Jesucristo", de amplia circulación en América Hispana.

A partir del 2 de Mayo de 1845, comienzan a aparecer en "El Progreso" una serie de artículos publicados poco después en volumen, de la que es su obra más famosa "Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga".
Publica el "Método de lectura gradual" del que se hicieron más de cien ediciones, identificadas. Sigue paralelamente con su labor periodística sobre variados temas, incluyendo sus ataques al gobierno de Rosas; tal vez para alejarlo de las polémicas el gobierno Chileno lo comisionó para estudiar los sistemas educativos y de colonización en Europa y Estados Unidos.

El 28 de octubre zarpa del puerto de Valparaíso en la corbeta "Enriqueta" y luego de una breve permanencia en Montevideo, ciudad sitiada por las fuerzas del General Oribe, apoyado por Rosas en la llamada Guerra Grande; trata allí algunos de los argentinos exiliados: Esteban Echeverría, Bartolomé Mitre, Florencio Varela, Vélez Sarsfield y María Sánchez de Thompson. El diario El Nacional publicaba, tomado del Progreso, el texto de Facundo.

En 1846 llega a Río de Janeiro, conoce y establece amistad con José Mármol, que le lee fragmentos de los Cantos del Peregrino. Se embarca a Francia en la corbeta "La Rose", el 6 de Mayo llega a El Havre y comienza su itinerario europeo, que sintetiza en sucesivas cartas y acota en el Diario de Gastos.
Visita en dos oportunidades al General San Martín en su residencia de Grand Bourg y mantuvo con el largas conversaciones, quien le refiere aspectos no conocidos de su histórica entrevista con Bolívar en Guayaquil. El 1º de julio de 1847 pronunció un discurso académico en el Instituto Histórico de Francia, en el que se refirió a las campañas de San Martín y al que le asistió el Libertador.
Durante su permanencia en Roma fue recibido en audiencia por su Santidad el Papa Pío IX.

Llega a Madrid; luego a Argel, Italia, Suiza, Alemania e Inglaterra. En el puerto Ingles de Liverpool se embarcó con destino a Estados Unidos, país en el que permaneció cerca de tres meses, además conoció Canadá. Entabló amistad con Horace Mann, educador que se caracterizó como enemigo de la esclavitud y cuya obra educativa admiraba Sarmiento. Al emprender el regreso hizo escala en La Habana, llegando a Valparaíso el 24 de febrero de 1848.

Poco después se casó con Benita Martínez Pastoriza, viuda de Castro y Calvo, madre de un niño llamado Domingo Fidel, a quien adoptará como hijo, dandole su apellido.

En 1850 Funda y dirige "La Crónica". Colabora en "La Tribuna". Además de su intensa labor periodística, tradujo dos manuales del francés; dirigió la primera escuela normal de Sudamérica; escribió textos escolares, cartillas y silabarios; fue miembro del cuerpo académico de la Facultad de filosofía y Humanidades; creó el Liceo con Vicente Fidel López y publicó "Educación Popular", "Viajes en Europa, África y América", "Argiropolis" (es decir Ciudad del Plata), "Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga" y "Recuerdos de Provincia".

"Facundo" y "Recuerdos de Provincia" son dos obras singularmente notables. La primera comenzó a aparecer en forma de folletín en el periódico "El Progreso" a partir del 2 de mayo de 1845 con el título de "Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga". Se trata de un ensayo psicológico con partes de novela histórica y biografía. En esta obra traza, con vigorosa pluma, la personalidad del caudillo riojano. En "Recuerdos de Provincia", una de sus obras mas emotivas, la pluma de Sarmiento se suaviza hasta la ternura. En ella dedica apasionadas páginas a la evocación de su madre, una mujer tan valerosa como abnegada. Al respecto dijo el escritor Alberto Palcos: "Las personas retratadas viven, y viven para siempre. Todo Sarmiento se vuelca en el libro: bravío, altanero, empeñoso y, a la vez lleno de energía, de bondad y de ternura".

Desde "El Mercurio" inició una polémica con Andrés Bello, quien no aceptaba que se introdujeran palabras de otras lenguas en nuestro idioma. También sostuvo acaloradas controversias con José J. Vallejos sobre los emigrados Argentinos, con Minvielle sobre literatura y así mismo con Pedro Godoy y Hermogenes de Irisarri.

El 24 de enero de 1851 aparece el primer número de "Sud América", periódico dirigido por Sarmiento y dedicado a la política y el comercio. Al conocer el pronunciamiento del General Justo José de Urquiza contra Rosas , se embarcó en Valparaíso con destino a Montevideo, junto con Mitre y Paunero, para incorporarse al llamado Ejército Grande, convencido de que sus escritos habían influido en la decisión de Urquiza.

Urquiza lo incorporó al ejército con el grado de Teniente Coronel y le encargó la redacción del Boletín del Ejército Grande de Sudamérica, para cuya tarea compró una imprenta volante en Montevideo. Durante toda la campaña informó sobre la marcha de las fuerzas de Urquiza hacia Buenos Aires y los triunfos que iba logrando.
El 3 de febrero de 1852, Urquiza obtuvo el triunfo de Caseros atacando y venciendo a las fuerzas de Rosas. Mitre relató en una carta como Sarmiento se batió con honor en la batalla, cargando, espada en mano, en la división oriental que tomó por asalto las posiciones enemigas.
Fue uno de los primeros en llegar a la residencia que había sido de Juan Manuel de Rosas, en Palermo; pero debido a que Urquiza impuso el uso de la divisa punzo de los federales, abandonó el ejército.

Regreso a Chile y allí se encontró con Juan Bautista Alberdi, quien había publicado ya su libro "Bases", obra que aquel elogió. Se alojó en Yungay, desde donde escribió la llamada carta de Yungay dirigida a Urquiza y en la que lo criticaba. Después publicó "Campaña del Ejército Grande", que dedicó a Alberdi, este que estaba radicado en Quillota, escribió "Cuatro cartas sobre la prensa y la política militante en la República Argentina (conocidas como cartas quillotanas), en las que defendía a Urquiza. Sarmiento contestó con cinco cartas reunidas bajo el título de "Las ciento y una", es decir, sus ciento y una verdades. La prosa era violenta y apasionada, como violentos y apasionados eran los momentos que vivía el país.

En 1854, hizo un viaje a Mendoza, pero fue detenido y acusado de espionaje. Aunque fue absuelto, se le pidió que abandonase la provincia.

En 1855 regresó a su patria decidido a desarrollar una actividad febril, en Chile había redactado el periódico "Monitor de las Escuelas Primarias" que apareció desde 1852 hasta 1856 inclusive después de su partida. Tenía 44 años y una gran impaciencia por actuar políticamente en su país.
Ingresó como redactor, en "El Nacional", diario de Vélez Sarsfield. Es designado profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires.

En 1856 fue elegido Concejal por el Barrio Catedral al Norte, primer cargo político que desempeñó. Su labor, llena de iniciativas renovadoras - incluyendo su protesta porque en el municipio porteño se consideraba extranjeros a los argentinos oriundos de otras provincias -, rescataba la imagen comunal de la urbe clásica, otra vez con Tocqueville como referente. Asimismo fue designado Director de Escuelas "1856-1862".

En 1857 es designado Senador en la Legislatura de Buenos Aires.

En 1862 a los 51 años de edad se cumplió una de sus mas caras aspiraciones, gobernar su provincia natal, hacía poco había perdido a su madre. A poco de asumir el cargo, y secundado especialmente por sus ministros Ruperto Godoy Cruz y Valentín Videla Lima, inició un programa de obras de suma importancia y necesidad, además hizo traer una imprenta de Chile para editar nuevamente "El Zonda", creó el Departamento Topográfico; fundó una quinta Agronómica para enseñar nuevos métodos de cultivo; creó un Juzgado Comercial; fomentó la explotación minera; reorganizó la administración de justicia; estableció garantías electorales; promovió la formación de un colegio preparatorio (después Colegio Nacional); construyó escuelas y lanzó una proclama contra el general Peñaloza, El Chacho.

En 1864 el Presidente Bartolomé Mitre lo designó representante de nuestro país en los Estados Unidos.

Los graves problemas políticos y la lucha contra Las Montoneras le hacían difícil el conservar el cargo de Gobernador. Entre el personal que viajó a sus ordenes figuraba uno de los hijos de Mitre: el joven Bartolomé Mitre y Vedia. Llegó a Washington en 1865, un mes después del asesinato del presidente Abraham Lincoln. Allí se vinculó con destacadas personalidades, entre ellas el escritor y filósofo Emerson y el poeta Longfellow. La esposa de Horace Mann tradujo al ingles "Facundo", obra que despertó el interés de los norteamericanos, por otra parte la Universidad del estado de Michigan lo designó "Doctor Honoris Causa" y fue tanta su emoción que Bartolomé Mitre y Vedia tuvo que hablar en su nombre.

Recibía permanentemente noticias sobre el desarrollo de la guerra contra el Paraguay, campaña en la que combatía Domingo Fidel Sarmiento, su hijo, con el grado de Capitán; pero un día recibió la triste noticia, de que Dominguito, como lo llamaba, había muerto por las heridas recibidas en el asalto de Curupayti el 22 de septiembre de 1866, a los 20 años de edad. Esta infausta nueva afectó profundamente al viejo luchador, quien comenzó a escribir una biografía del joven.
Permaneció tres años en los Estados Unidos y se interesó por conocer profundamente su sistema democrático, el que había apreciado en su viaje anterior, además escribió y terminó la "Vida de Lincoln" y "Las escuelas como base de prosperidad de los Estados Unidos". Asimismo comenzó a tomar apuntes para la "Vida del Chacho". Recibió la sorpresa de que había sido propuesto para la Presidencia de la Nación en el período 1868-1874.

Realizadas las elecciones el 12 de abril obtuvo la mayoría de los votos la formula Domingo Faustino Sarmiento - Adolfo Alsina. La asunción del mando tuvo efecto el 12 de octubre de ese año, a los 57 años. Su presidencia se caracterizó por la obra progresista, la que no fue detenida pese a que tenía que enfrentar el grave problema de la guerra contra el Paraguay, algunos graves conflictos interiores y serios levantamientos, especialmente el de López Jordán. Asimismo, surgieron algunas importantes discrepancias con Chile y Brasil, respecto de la terminación de la contienda con el Paraguay.
Durante su administración se creó el Departamento de Agricultura; se realizó el primer censo nacional (dispuesto por Mitre); se inauguraron nuevas líneas férreas, se construyeron puentes y caminos, instalación del cable transoceánico y del telégrafo transandino; se crearon el Colegio Militar y la Escuela Naval; se aumentó la corriente inmigratoria; se fundaron bibliotecas, escuelas y museos; se mandó a llamar a los Estados Unidos maestras normales; se crearon en Córdoba el Observatorio, la Facultad de Ciencias Exactas y la oficina Meteorológica.

La noche del 22 de agosto de 1873, fue víctima de un atentado criminal en la esquina de las calles Corrientes y Maipú. Dos jóvenes italianos (los hermanos Guerri) dispararon contra el carruaje en el que iba. Felizmente no lograron herirlo. El 24 de septiembre del mismo año, al inaugurar la estatua ecuestre del general Belgrano en la plaza de Mayo, pronunció un discurso conocido como "El de la Bandera" una de cuyas frases se hizo popular: "La bandera celeste y blanca; ¡Dios sea loado!, no ha sido jamas atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra". Entregó el gobierno a su sucesor, el doctor Nicolás Avellaneda, el 12 de octubre de 1874, pese a que Mitre se había levantado en armas. El movimiento fue rápidamente dominado.

Al finalizar su mandato se tomó un corto descanso en una modesta casa situada en Carapachay, en el Delta, donde recibió la visita de amigos y maestros. Pero al poco tiempo, el viejo luchador volvió a la actividad con renovado vigor. Vivía con su hermana, su hija Ana Faustina y sus seis nietos, en una casa de la actual calle Sarmiento.
En 1875 fue elegido Senador Nacional por San Juan y Director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires. Colabora en "La Tribuna" e inaugura el "Parque Tres de Febrero" (Palermo) donde en 1900 se colocó la estatua de Sarmiento , obra de Augusto Rodín. Escribió diversas obras, entre ellas: "Vida de Dalmasio Vélez Sarsfield", "Conflictos y armonías de las razas en América", "Vida y escritos del doctor Muñiz" y "Vida de Dominguito".

En 1876 publica la revista "Educación Común" de la provincia de Buenos Aires.

En 1877 es ascendido a coronel mayor del Ejército, equivalente a General de Brigada.

En 1878 continúa sus colaboraciones en "El Nacional", "Tribuna", su actividad parlamentaria y en la Dirección de Escuelas.

En 1879 renunció a los cargos para aceptar el "Ministerio del Interior", designado por el Presidente Avellaneda. Renuncia un mes después al descubrir la existencia de una Liga de Gobernadores opuesta al gobierno nacional. Viajó a Córdoba y a Tucumán acompañando al Dr. Avellaneda.

En 1880 su imparable actividad pública y sus artículos periodísticos en "El Nacional", polémicos pero llenos de buena doctrina, dan nuevo relieve a su figura y un movimiento de juventud, Unión Nacional, proclama su candidatura a la Presidencia de la República. Es designado para hablar en la recepción de los restos del general San Martín.

En 1881 Roca lo nombró Superintendente General de Escuelas. Polemizó con Manuel Bilbao y José Hernández. Dicta en el Teatro Nacional su comentada conferencia sobre Darwin.

En 1882 por desavenencias con otros miembros del Consejo renuncia a se cargo. Participa en la polémica sobre la orientación de la escuela pública. Fue ascendido a General de División y al año siguiente viajó a Montevideo para presidir exámenes.

En 1883 viaja a Montevideo dónde es recibido con gran afecto. Habla en la Escuela de Artes y Oficios y en la Escuela Normal. Publica el primer tomo de Conflicto y Armonía de las Razas en América, que dedica a Mary Mann. En un artículo que titula "Los Tres Robinson" recuerda su viaje a la Isla de Mas-a-Fuera y transcribe el testimonio -cuarenta años después- de uno de los isleños que encontró allí.

En 1884 se aprueba la Ley 1420 de Educación, en la influyeron las ideas de Sarmiento, durante muchos años rigió el funcionamiento de la escuela pública argentina y el esplendor que hoy se añora. Viaja a Chile en misión cultural, para difundir el libro. Por ley del 12 de septiembre, a iniciativa del gobierno del General Roca, se dispone la publicación de sus obras, alcanzaran 52 volúmenes y un índice, estimándose que lo no publicado alcanzaría para otras varias decenas de tomos.

En 1885 funda "El Censor".

En 1886 publica la "Vida de Dominguito". Comienza a inquietar su salud. Viaja a Tucumán.

En 1887 bajo el título "La libertad iluminando al mundo", publica en La Nación una carta a Paul Groussac, en la que le pide que de a conocer, en lengua francesa, el artículo de José Martí, publicado en el mismo diario sobre la estatua de la libertad. Sarmiento expresa su admiración por el estilo de escritor de Martí. Este al conocer el juicio de Sarmiento, a quien llama el verdadero fundador de la República Argentina, le pide a su amigo Valdés Domínguez que difunda ese texto. Colabora en "El Diario". Viaja Paraguay en busca de mejorar su salud, regresó a Buenos Aires.

En 1888 continúa su labor periodística y su actitud crítica contra las escuelas extranjeras que no se adaptan a las normas argentinas. La inmigración que él, entre otros, había estimulado, se había desnaturalizado. El 8 de mayo de 1888 decidió embarcarse con destino a Paraguay en busca de un ambiente propicio para su salud, presintiendo su fin dijo: "Será Buenos Aires lo que he dicho tantas veces: la ciudad reina del sur, pero no estaré yo para ver realizados mis pronósticos...".
En su casa de la ciudad de Asunción dedicaba las horas del día a arreglar su jardín o a dirigir la plantación de algunos árboles. Colabora en la preparación de un proyecto de ley de educación de Paraguay, escribe y polemiza. El tranvía llegaba hasta la puerta de su morada a fin de facilitar el traslado de las personas que concurrían a visitarlo o simplemente a ver a ese anciano que tanto había hecho por la educación popular en América; no solo lo visitaban admiradores y funcionarios sino también niños de las escuelas e inclusive, de la vecindad, quienes se detenían en la puerta para saludarlo.

El 6 de septiembre de 1888 su salud se agravó, sufrió un sincope, y su médico de cabecera, el doctor Andreuzzi, pidió una inmediata consulta con el doctor Hassler quien lo visitaba como médico y como amigo. En esos días concurrió el Ministro argentino en Asunción, García Merou, a quien se le informó sobre la gravedad de su estado.
El anciano maestro reposaba con cierta comodidad en un sillón que se había hecho construir pero el 10 de septiembre pidió que lo llevaran a su lecho.
En la madrugada del día 11 se agravó y a las 2 horas 15 minutos de ese día espiró el Maestro de América.
El traslado de sus restos en buque desde Asunción hasta Buenos Aires fue una continua manifestación popular. En el acto de sepelio hablaron varias personalidades relevantes, entre ellas Carlos Pellegrini. Los diarios de Buenos Aires se unificaron en una sola edición, bajo el nombre de "La Prensa Argentina", para rendirle homenaje solidario. Adolfo Saldías le dedica su libro "Cívila" con las siguientes palabras: "A la memoria de Sarmiento, gran ciudadano de la República, a la cuál encaminó con sus luces e ilustró con su ejemplo; al que en vida me honró llamándome su amigo." y agrega en el primer trabajo del libro: "Yo he vivido de la vida de Sarmiento durante los últimos diez años, porque he tenido de sus labios su pensamiento casi día por día. Si no lo hubiera venerado como el ciudadano a quien mi patria le debe la suma mayor de esfuerzo que uno de sus hijos pudo hacer por ella, lo veneraría como mi maestro, cuya palabra fortaleció mi espíritu con la prédica constante de las ideas que caracterizaban su fisonomía democrática y cuyo ejemplo imprimió a mis sentimientos la suficiente energía para no sacrificarlos sino en aras de los principios que constituyen la moral del ciudadano."

La Conferencia Interamericana de Educación, que se reunió en Panamá en el año 1943, decidió instruir como Día Panamericano del Maestro, el 11 de septiembre, día del fallecimiento del mas grande paladín de la cultura del continente.

 



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